sábado, 17 de mayo de 2008

Empresario 2.0



Colgar un video en youtube… escribir mis ideas en un blog…
informarme a través del menéame… poner mi s fotos en flickr… añadir
unos contactos en linkedin… escuchar un podcast… De un tiempo
a esta parte, hay una serie de palabrejas que están entrando a formar
parte del vocabulario de un colectivo cada vez mayor de personas,
aparecen en nuestros periódicos y nuestras televisiones. Todavía no
son de uso común para la mayoría de la población, pero poco a poco
se van haciendo un hueco en el imaginario col ectivo y, para algunos
grupos de población, son ya el pan nuestro de cada día.
Pero más importante que las palabras son las acti tudes y rutina s
que se esconden tras esos conjuntos de l etras en ocasiones impronunciables.
Todo tiene que ver con eso que se ha dado en llamar “la web
2.0”. Que más que una cuestión tecnológica es una cuestión de hábitos;
los aspectos técnicos se han simplifi cado para hacer que cualquier
persona pueda hacer un uso mucho más activo de la red, excediendo
así el papel de mero espectador que tení a antes. Estos hábitos tienen
que ver fundamentalmente con la capacidad de generar contenido.
Escrito, a travé s de blogs. O de imágenes, o de videos, o de sonido.
Contenido al fin y al cabo. Es l a figura de los “prosumers”, que son a
la vez consumidores y productores de contenidos.
Y con la capacidad además de compartir esos contenidos con
otros, estableciendo así relacione s inte rpersonales que trascienden el
espacio físico, formando esas “redes soci ales” que nos sirven tanto
para filtrar informa ción como para hacer nuevos descubrimientos. Ya
no estamos limitados a compartir con la s pe rsonas que nos rodean en
un entorno próximo, casi definido por las dimensiones físicas : nuestros
compañeros de oficina, los clientes que nos presentan, los colegas
que conocemos en un evento sectorial… ahora esas frontera s físicas
se difuminan, lo que permite enriquecer nuestro entorno social
con más personas y más diversas (otros países, otras a ctividades, otra s
edades…). Así pues, contenidos y relaciones son la esencia de es a
“web 2.0”.


Podría pensarse que esta es una tendencia rel acionada meramente con el ocio. O con
los jóvenes. O, más reduccionista aún, con el ocio de los jóvenes. Que el mundo corporativo
se queda al margen. Y sin embargo, no e s así. Cada vez son má s las empresas, pequeñas
y grandes , que exploran las posibi lidades de esta forma de entender Internet. Y cada
vez son más las persona s a las que, una vez acostumbrada s a la flexibilidad y potencial
creativo que proporciona esta nueva visión, les resulta más difícil transigir con la forma en
la que funcionan habitualmente l as empresas, tan acostumbradas al desequilibrio en la s
rel aciones, al “yo hablo y tú escuchas”.
Para quienes nos movemos en un entorno corporativo (no necesariamente como
“empresarios”, sino como asala riados de base, proveedore s de servicios, mandos intermedios,
emprendedores, directivos…) puede ser relevante pararse a pensar en qué forma nos
afecta este cambio.
Un mundo enorme de información se abre ante nosotros. ¿Cómo es realmente es a
empresa en la que vamos a trabaj ar? ¿Qué ta l funciona ese si stema informático que me
están intentando vender? ¿Qué hicieron otros como yo en una situación parecida? Gracia s
a la web 2.0 encontraremos muchas respuestas a nuestras preguntas. Re spuestas ademá s
generadas por otros “como nosotros”, alejada de los edulcorados mensaj es empresariale s
preparados y ejecutados desde departamentos de marketing y comunicación.
Si además utili zamos estas herramientas para ser nosotros los que generemos contenidos,
tendremos ante nosotros una notabl e capacidad para posicionarnos y obtener visibil
idad y relevancia en aquel los campos en los que destaquemos: igual que nosotros acudimos
a la experiencia de otros, otros pueden ser los que acudan a l a nuestra. Con nuestro
contenido estaremos enseñando al mundo (a TODO el mundo) nuestros conocimientos,
nuestras habilidades, nuestras actitude s. Construimos nuestra reputación.
Y tanto si el origen somos nosotros buscando información generada por terceros,
como terceros buscando información generada por nosotros, acabaremos estableciendo
rel aciones entre personas. Relaciones que pueden descubrirse, en un momento de terminado,
como útiles más allá de la mera afinidad personal: quizá s, a través de este intercambio
de contenidos, podamos descubrir un socio. O un inversor para nuestro proyecto.
O un cliente para nuestra empresa. O un empleado con potencial. O quizás nuestro futuro
empleo. Abriendo el abanico de relaciones, ampliamos las posibi lidades de encontrar
entre ell as a las personas que nos ayuden a desarrollar nuestros proyectos dentro del
mundo de la empre sa.
Claro que no todo es de color de rosa. Este entramado de información y relacione s
tiene sus áreas oscuras o, cuanto menos, grises. Podemos empezar con el difícil control de
la información: en el mundo de la empresa, no siempre es bueno que toda la información
esté disponible para todo el mundo. Pensemos en la estrategia que estamos diseñando
para hacernos con el me rcado. O los datos de ese nuevo producto que estamos desarrollando
y que supondrá un impacto definitivo pa ra la competencia. O ese análisis de nuestros
puntos débi les que no querríamos por nada en el mundo que se divulgase…
Por supuesto, antes (en el mundo anterior) también existían esos riesgos. Pero la s
posibilidades de difusión de esa información eran limitadas: quizás alguien podría sacar
unas fotocopias e intentar entregárselas a un te rcero. El problema es que ahora puede
ponerse esa información a di sposición del mundo entero en sólo unos clicks… lo cual nos
obliga por un lado a adoptar medidas de precaución respecto a la gestión de la información
sensible (aunque, en úl tima instancia, hay que confiar en la discre ción de las perso
nas involucradas) y por otra a trabajar con la conciencia de que tenemos mucho menos
control sobre l a información que antes y que , por lo tanto, tenemos que estar prepa rados
para un escenario donde esa información sea liberada.
Al igual que tenemos que estar preparados para lidiar con las opiniones que los
demás tengan sobre nosotros, nuestra empresa, nue stros productos… siempre existieron
esas opiniones, pero ahora tienen un altavoz de dimensiones globales, todas y cada una
de ellas, y por lo tanto tienen una mayor capacidad de afe ctar a nuestra reputación. Así
que tendremos que desarrollar las habilidades nece sari as para, primero, detectar esas opiniones
y segundo para reaccionar a ellas. Eso significa ser capaces de defender nuestra
posición cuando creamos que debemos hacerlo y también algo a lo que no e stamos acostumbrados:
reconocer cuándo estamos equivocados.
Otro riesgo (o, más que riesgo, característica inherente a la nueva situación) es la
sobreabundancia de información y el reto que supone gestionarla. Porque existen herramientas
que nos permiten seleccionar y filtra r información (buscadores, agregadores RSS,
filtros sociales, etc.) pero no son suficientes. Porque es verdad que siempre ha existido má s
información que la que podíamos manejar (¿alguien creyó que podría l eer todos los libros
interesantes que se han escrito a lo largo de los siglos, o escuchar toda la músi ca interesante
que se ha producido?), el problema es que ahora se une un crecimiento exponencial
de la mi sma (recordemos, todos somos generadores de información) con el hecho de
que está a un click de distancia. El ser capaces de discriminar las fuentes relevantes y de
seleccionar la información pertinente es una de las grandes lecciones a aprender en este
nuevo entorno.
Se dice que “las palabra s se las l leva el viento”. Pero eso era antes. Ahora las palabra s
se las queda Internet. Y la s fotos, y los videos. Todo lo que vayamos haciendo y diciendo
a lo largo del tiempo queda registrado y a disposición de cua lquiera que quiera verlo. El
“donde dije digo, digo Diego” va a ser cada vez más difí cil, y las incoherencias y salida s
de tono verán la luz con más facilidad. Esto nos obliga, en el mundo de la empresa, a desarrollar
la virtud de la coherencia. Coherencia que no significa siempre pensar lo mismo,
sino ser capa ces de razonar el por qué de los cambios de opinión, de argumentar decisiones
y de asumir las consecuencias de la s mismas. El nuevo entorno tecnológico ele va el
listón de nuestra propia exigenci a.
Todo eso de la “web 2.0” puede parecer que no es más, en defini tiva, que una se rie
de herramientas con unas ventajas y unos inconvenientes. Herramientas que, quiene s
estamos en el mundo de la empresa, podemos evaluar si utilizar o no. Pero, en mi opinión,
va más allá de eso. Porque, independientemente de la deci sión que como individuos
tomemos al respecto del uso de dichas herramientas, lo cierto es que otras persona s
sí las van a util izar, y lo van a hacer para generar contenidos que van a tener impacto
sobre nosotros: es posible que hablen de nue stro sector, de nuestra empresa o incluso de
nosotros mismos. Por lo tanto, aunque no queramos ser usuarios activos de dichas herramientas,
éstas se van a transformar en un elemento del entorno con una influencia potencial
elevada (y más cuanto mayor sea el porcentaje de la población que se vaya incorporando
a su uso) en nuestra actividad.
Así pues, las herramienta s no son lo relevante en este nuevo mundo, sino la intrincada
red de información y relaciones que dichas herramientas permiten tejer. Red que en
muchos casos nos beneficiará pero que, en otros, nos exigirá más de nosotros mismos. Un
cambio de entorno, en definitiva, al que tendremos que adaptarnos. Cuando nos hablan

de estrategia empresarial siempre nos marcan el “entorno” como una variable esencial
que hay que tener en cuenta a la hora de plantear nuestras decisiones. Y eso es lo que
representa toda esta “web 2.0”: un nuevo elemento de l entorno, con sus peculiaridade s
en positivo y en negativo, que tendremos que conocer pa ra poder defendernos de la s
amenaza s que nos genera y también aprovechar las oportunidades que nos brinda.


Articulo tomado del e-book: El futuro es tuyo que se puede descargar de
http://www.blogbook.es/

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